Por Gilberto Celis
Soy estudiante de la
Universidad Nacional Autónoma de México,
desde el Bachillerato hasta la Facultad Nacional de Economía.
En 1966, me toca vivir
el movimiento contra el Rector Ignacio Chávez; y en 1968, soy representante
estudiantil del Consejo Nacional de Huelga.
Sobreviví a la tarde de
la Plaza de las Tres Culturas; y en noche de Tlaltelolco, salí a tiempo, y por
ello no me tocó el Rojo Amanecer.
En 1971, a pesar de ser
el Día de las Mulas, Jueves de Corpus, superé en San Cosme la represión de Los Halcones.
De ahí
que, en 1968, como representante ante el Consejo Nacional de Huelga, por la
Prepa 5, Coapa, de la UNAM, supe bien que varios jóvenes fueron de excursión a San
Miguel Canoa.
En la
algarabía juvenil, se les hizo fácil aprovechar su estancia para repartir
volantes del movimiento estudiantil.
El
cura, temeroso de que alborotaran a su
comunidad, en la noche fue con algunos fieles y los lincharon.
De
aquello, solo queda una película que narra el hecho; porque al cura nunca se le
hizo nada, y con el tiempo fue trasladado a otro lugar.
De los jóvenes
estudiantes, queda la máxima: “Al que se muere, lo entierran; al que entierran,
lo olvidan; aunque tenga la mente esclarecida, al que se muere, lo entierran;
al que entierran, lo olvidan”
En esta
reflexión, vuelvo a leer la carta que, hace 149 años, el gran defensor de la
República frente a la Monarquía, el poeta francés Víctor Hugo, escribe al Presidente
Benito Juárez, para que perdone la vida de Maximiliano.
¿Habrá
mayor castigo, pincha Hugo a Juárez, para el Emperador que osó matar la vida de
la República, y ahora deberá la vida por la gracia de la República?
En ese
momento, pienso en Andrés Manuel López Obrador, que a veces quiere, como el ave
fénix, resurgir de las cenizas; o ser el sol que muere por la noche, y resurge
al amanecer; la resurrección a la vida eterna.
Al rato,
se le ve un Juárez, inconmovible, ante un ideal.
Luego, al contrario, perdonando a quien osó matar la
vida de la República del Amor.
Como ayer,
que informó, firmará el acuerdo de respetar el resultado de la elección.
Y entre
veras y chanzas, no deja de decir que la elección ya la ganó, y que perdona y
no olvida; y que a nadie perseguirá, pero hará justicia.
---
¿Pasará, sin ver o pondrá el resto?
--- Por eso le digo.



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