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domingo, 17 de junio de 2012

AMLO: ENTRE CHANZAS Y VERAS

 

Por Gilberto Celis
Soy estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México,  desde el Bachillerato hasta la Facultad Nacional de Economía.

En 1966, me toca vivir el movimiento contra el Rector Ignacio Chávez; y en 1968, soy representante estudiantil del Consejo Nacional de Huelga.

Sobreviví a la tarde de la Plaza de las Tres Culturas; y en noche de Tlaltelolco, salí a tiempo, y por ello no me tocó el Rojo Amanecer.

En 1971, a pesar de ser el Día de las Mulas, Jueves de Corpus, superé en San Cosme  la represión de Los Halcones.

De ahí que, en 1968, como representante ante el Consejo Nacional de Huelga, por la Prepa 5, Coapa, de la UNAM, supe bien que  varios jóvenes fueron de excursión a San Miguel Canoa.
En la algarabía juvenil, se les hizo fácil aprovechar su estancia para repartir volantes del movimiento estudiantil.
El cura,  temeroso de que alborotaran a su comunidad, en la noche fue con algunos fieles y los lincharon.
De aquello, solo queda una película que narra el hecho; porque al cura nunca se le hizo nada, y con el tiempo fue trasladado a otro lugar.
De los jóvenes estudiantes, queda la máxima: “Al que se muere, lo entierran; al que entierran, lo olvidan; aunque tenga la mente esclarecida, al que se muere, lo entierran; al que entierran, lo olvidan”
En esta reflexión, vuelvo a leer la carta que, hace 149 años, el gran defensor de la República frente a la Monarquía, el poeta francés Víctor Hugo, escribe al Presidente Benito Juárez, para que perdone la vida de Maximiliano.
¿Habrá mayor castigo, pincha Hugo a Juárez, para el Emperador que osó matar la vida de la República, y ahora deberá la vida por la gracia de la República?
En ese momento, pienso en Andrés Manuel López Obrador, que a veces quiere, como el ave fénix, resurgir de las cenizas; o ser el sol que muere por la noche, y resurge al amanecer; la resurrección a la vida eterna.
Al rato, se le ve un Juárez, inconmovible, ante un ideal.
Luego,  al contrario, perdonando a quien osó matar la vida de la República del Amor.
Como ayer, que informó, firmará el acuerdo de respetar el resultado de la elección.
Y entre veras y chanzas, no deja de decir que la elección ya la ganó, y que perdona y no olvida; y que a nadie perseguirá, pero hará justicia.
         --- ¿Pasará, sin ver o pondrá el resto?
--- Por eso le digo.



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